Doctrinas de la Gracia

1 may. 2015

Cristianismo frente a la homosexualidad

La ley de Dios es inmutable, invariable, inclaudicable. Dios es el mismo ayer, hoy y siempre.
La ley de los hombres cambia:

  • Geográficamente porque cada país tiene sus propias leyes. Hay delitos en ciertos países que no lo son en otros;
  • En el tiempo: muchos de los  delitos de hoy, no lo eran en el pasado.
  • También cambian de acuerdo a la cultura, la idiosincrasia, las inclinaciones religiosas o políticas, o por circunstancias de poder como las leyes impuestas por un dictador.
Hubo una vez en la que los cristianos instauraban el orden en sus pueblos obedeciendo la ley de Dios porque había temor de su palabra. Hoy día el cristianismo es opinión, manera de pensar, concepto, opción, etc. Hasta a los mismos evangelizadores se les oye decir (equivocadamente, por cierto) que el cristianismo es un “estilo de vida”. El cristianismo no representa un modo de vida, es la vida misma: Jesús dijo: yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. (Juan 14:6).
A lo que Dios determinó clara y radicalmente para diferenciar al hombre y a la mujer, actualmente se le llama preferencia sexual. La identidad de género, dada de manera divina en la creación, ahora no se basa en lo que SOY, en lo que Dios hizo de mí, sino en lo que DESEO SER. Y ese deseo, nace de una aberración, de un comportamiento sexual que la sociedad ha tenido siempre como una disfunción, término usado por la ciencia de la medicina y que según las sagradas escrituras es pecado a los ojos de Dios. Pero que ahora en nuestra equivocada sociedad moderna, es “normal”. Porque lo dicen las leyes de los hombres. La homosexualidad y demás disfunciones sexuales se convirtieron en temas manejados en el escenario de los derechos del individuo y dejaron de ser aberración y pecado.
La ciencia ha confirmado en estudios recientes que el origen de la homosexualidad no es genético. Es ambiental. Y además es susceptible a la cura.
Nuestro deber como cristianos es, primeramente, ser fieles a las sagradas escrituras. Nuestra actitud, frente a la homosexualidad y los individuos que la practican, no puede ser otra que la del llamado al arrepentimiento, a la separación del pecado, a la búsqueda de nuestro Señor Jesucristo. Sin concesiones, sin excepciones.

Cesar Ángel 14-mar-14

Puede hacer uso del presente mensaje. Tómese la molestia de dar los créditos al autor y la página. Gracias

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