Doctrinas de la Gracia

18 may. 2015

Entendidos en el evangelio frente a neófitos (1 Cor 8: 1-13)

Giovanni Lanfranco
«Los auspicios de un emperador romano».
Interpretación de 1 Corintios 8: 1-13

“En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo.  3 Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él. Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores),  6 para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él. Pero no en todos hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina. Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos. Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles. 10 Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos? 11 Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió. 12 De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis. 13 Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano.”

Que nos enseña Pablo en esta carta a los Corintios:
Históricamente. Los corintios, consumían la carne de los animales sacrificados a sus ídolos y dioses. Parte de ella era quemada en el altar, Otra la consumían sacerdotes y encargados del sacrificio, una parte más era servida en templos y vendida en el mercado.
El consumo de carne sacrificada a ídolos por parte de cristianos entendidos del evangelio, dentro de un templo, generaba confusión para los neófitos (nuevos en la fe), que podrían prejuzgar que estos lo hacían para rendir culto a los ídolos.
Los que ya tenían conocimiento de que los ídolos no existían, sabían también que la carne sacrificada a estos no tenía ningún valor, ni significado y la podían consumir.
A estos les dice Pablo en su carta, “En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo”, El amplio conocimiento que tú crees tener del evangelio, te envanece, y se constituye en tu  propio obstáculo para adquirir nuevos conocimientos. Además les dice que más valor que la “ciencia”, tiene el amor a los hermanos débiles. En este sentido Pablo recomienda a los más entendidos abstenerse de comer estas carnes con el ánimo de que no sean piedra de tropiezo para los nuevos en el evangelio.  
Aplicando las enseñanzas de Pablo a nuestra iglesia de hoy, diremos que a los pastores, líderes y todos los que en la iglesia tengan amplio conocimiento del evangelio, les corresponde ser muy responsables con los nuevos creyentes, en la información que se les suministre. En todo caso debe primar el amor hacia ellos sobre el afán de  imponer conocimientos que puedan convertirse en piedra de tropiezo para su crecimiento como cristianos. Esto es trasmitir doctrinas de difícil exegesis, procedimientos en el culto que puedan confundirlos y en general en todas las actividades que los involucre sin revisar la oportunidad, el tiempo y el modo para ello. 
Como ejemplo tomemos las doctrinas de la elección y la predestinación. Estas, considero, no se deben enseñar de entrada a recién llegados. Su asimilación requiere del creyente un conocimiento previo de otras doctrinas, como la soberanía del Señor, la depravación y la caída,  la regeneración por gracia, entre otras. Y es cuestión de orden, porque Dios es un Dios de orden. No se puede enseñar a un niño a dividir sino conoce los números.
Este orden que se debe tener para instruir en el conocimiento del evangelio, no se debe confundir con los procedimientos que siguen las congregaciones de “prosperidad”, donde “suavizan el evangelio” para que su prédica sea agradable a los incautos a los que engañan.

Cesar Ángel 18-may-15


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