Doctrinas de la Gracia

2 oct. 2018

Quienes fueron los Puritanos?



¿Qué significa el término puritano?  Mucha gente hoy en día usa el término para describir una marca de la cristiandad legalista y arisca que se acerca al fanatismo.  La mayoría de este estereotipo fue un producto de sentimientos anti-puritanas del siglo diecinueve.  Mientras que subsecuente culturas han expresado varias opiniones de los puritanos, es útil de hacer un relato breve de la historia del término y para tasar el movimiento lo más objetivo posible.

El comienzo del puritanismo

Cuando la media hermana de Mary, Isabel (1533-1603) subió al trono, muchos protestantes guardaron esperanzas fervientes que la Reforma que empezó con Edward VI crecería de una forma exponencial. Elizabeth, sin embargo, estuvo contenta con el ambiente Protestante y lucho para subyugar las voces de la oposición. Aquellos que pelearon demasiado por  una reforma en material de adoración, santidad, política, y cultural fueron perseguidos y despojados de sus bienes. La Reforma de Elizabeth, el cual fue moderado, precavido, desalentó a muchos y eventualmente dio lugar a un Calvinismo más robusto que fue llamado en forma derogatoria “Puritanismo.”

El Puritanismo duro desde 1560 hasta los principios de 1700. Los Puritanos creyeron que la Iglesia de Inglaterra no ha ido lo suficientemente lejos en su Reforma, porque su adoración y servicio litúrgico no estaba de acuerdo con los mandamientos encontrados en las Escrituras. Ellos llamaban por una predicación pura basada desde las Escrituras; por pureza de adoración; así como Dios manda en las Escrituras; y por la pureza del gobierno de Dios, reemplazando la autoridad de los Obispos con el Presbiterianismo.

Cuando la reina Isabel I estableció la Iglesia de Inglaterra con su versión de protestantismo a finales de la década de 1550, muchos protestantes se alegraron. ¿Cómo no celebrar que Inglaterra no abrazaría la doctrina de Roma? Sin embargo, no todos estaban contentos.

Los ministros aún eran llamados sacerdotes y casi todo en la iglesia lucía muy católico romano, con gente arrodillándose para tomar la cena del Señor o ministros haciendo bautizos como si se tratase de un ritual. “¿Acaso esto no trae confusión cuando se supone que somos protestantes? ¿Estamos honrando al Señor así?”, pensaron algunos.

Sin embargo, lo que a estos hombres más les preocupaba era que la mayoría de la religión en la iglesia era simplemente externa. Las personas no comprendían el significado de la salvación solo por fe y eran protestantes solo en la superficie.

El término puritano fue usado primero en los 1560s hacia esos protestantes ingleses quienes consideraron las reformas bajo la Reina Isabel I incompletas y llamaron por una “purificación” (del griego katharos, “puro”) amplia.  Su connotación negativa vino de su traducción del término latín catharus (puritano) o cathari (puritanos; de katharos), un título dado a herejes medievales…Para William Perkins (1558-1602), frecuentemente llamado “el padre del puritanismo”, puritano fue un “término vil” que describía gente con tendencias perfeccionistas (The Works of William Perkins, 1:342, 3:15).  Leonard J. Trinterud concluye, “Durante el siglo dieciséis fue usado más como un adjetivo mofador que un sustantivo sustancial, y fue rechazado como calumnioso en cualquier área que fue aplicado” (Elizabethan Puritanism, pp. 3ff.).

Cuando Jacobo IV de Escocia llegó al poder en Inglaterra, los puritanos creyeron que la situación mejoraría para la causa debido a que él era protestante. Se equivocaron.

La única idea valiosa que el rey Jacobo aprobó de ellos fue ordenar una nueva traducción de la Biblia, porque así se desharía de las fastidiosas notas al margen de la Biblia protestante de Ginebra, la cual hablaba de cosas como el derecho de los creyentes a desobedecer a los reyes malos. Ahora ya sabes la historia de la célebre King James Version.

Sin embargo, los puritanos tuvieron cierto alivio cuando Jacobo asignó a algunos de ellos en lugares de influencia. No obstante, él exigió tanta conformidad como Isabel. Así la fricción entre el rey y los puritanos creció, y para muchos de ellos esto fue la gota que derramó el vaso, llevándolos a tomar la decisión de irse de Inglaterra. Varios se marcharon hacia el Nuevo Mundo, al otro lado del Atlántico, con la esperanza de construir una Nueva Jerusalén en esta “tierra prometida” donde no estarían bajo la tiranía del Faraón.

Todo esto debilitó la influencia de los puritanos en Inglaterra, quienes se debatían entre si permanecer en la iglesia oficial o no, mientras discutían diversos temas teológicos.

La situación empeoró con la llegada de Carlos I al poder, el hijo de Jacobo con Enriqueta María de Francia, una devota católica. Él introdujo muchas formas católicas de adoración y una teología arminiana. Se opuso a los puritanos y, luego de disolver el parlamento, inició una persecución feroz contra ellos causando que más puritanos dejaran la nación.

Los escoceses vieron en Carlos a alguien que quería traer de vuelta el catolicismo, y eventualmente comenzó una guerra civil contra él que no tenía que ver solo con religión. Sin embargo, los soldados puritanos ganaron. El país sería gobernado por un parlamento. Así, el puritanismo vio su mayor oportunidad para buscar traer una verdadera reforma.

En la década de 1640, más de cien teólogos puritanos se reunieron en Westminster para la formación de una nueva iglesia nacional. De allí salió la célebre Confesión de fe de Westminster, sus documentos y catecismos, y la institución formal de la Iglesia presbiteriana.

Debido a la libertad en la nación para estar en desacuerdo con la vieja iglesia oficial, en aquellos días surgieron diversas sectas heréticas, desordenadas, y escandalosas que, para los críticos de los puritanos, representaron el fracaso y la contradicción de la visión puritana. Sin embargo, como señala Reeves:
“Lo principal… que comenzó a volver a las personas contra el gobierno puritano fue su intento de imponer un comportamiento cristiano estricto en una nación… Los ciudadanos comunes, independientemente de su estado espiritual, se vieron obligados a vivir como si fueran ‘piadosos’, y ellos no podían soportarlo. Fue una experiencia que acabaría con el puritanismo en la mente inglesa, y la gente comenzó a anhelar la vida más fácil de un gobierno ‘feliz’”.

El país entonces pidió volver a tener un rey y nombró a Carlos II en 1660, hijo del rey anterior (que fue ejecutado por traición al final de la guerra). El nuevo gobernante no tardó mucho en oponerse a los puritanos, trayendo de vuelta el Libro de oraciones promovido por Isabel, y expulsando del ministerio a quienes se opusieron a él y sus políticas.

Más de 20,000 puritanos fueron a prisión en los siguientes 20 años. Se les prohibió enseñar e ir a universidades como lo hacían antes, lo cual debilitó más aún al movimiento, aunque algunos trataron de permanecer en la Iglesia de Inglaterra. Poco a poco, el puritanismo pasó por una muerte lenta. Hoy todavía se debate cuándo fue que el movimiento se terminó.


Doctrinalmente, el Puritanismo fue algo como un Calvinismo vigoroso; experimentalmente, fue contagioso y amable; evangelistamente, fue agresivo, pero tierno; eclesiásticamente, fue teocéntrico y de adoración, el Puritanismo busco hacer las relaciones entre el rey, Parlamento, y sujetos de forma escritural, balanceado y obligado por la conciencia.

Por casi mil años, Europa no tuvo la Palabra en el idioma del pueblo para ser leída e interpretada por los creyentes. Así que cuando estos hombres por fin vieron lo que dice la Biblia, quedaron maravillados por ella y quisieron vivir conforme a ella. Por eso tomaron tan en serio el estudio diligente y profundo de la Escritura.

Como escribió el puritano Henry Smith: “Debemos establecer la Palabra de Dios siempre ante nosotros como una regla, y creer en nada más que lo que enseña, no amar nada sino lo que prescribe, no odiar nada más que lo que prohíbe, no hacer nada más que lo que ordena”. O como dijo John Flavel: “Las Escrituras nos enseñan la mejor manera de vivir, la manera más noble de sufrir, y la forma más alentadora de morir”.

A pesar de esto los términos puritano y puritanismo quedaron firmes…

Nosotros acertamos que los puritanos abrazaron cinco preocupaciones principales y trataron cada una substancialmente en sus escritos:

  • Los puritanos buscaron de escrudiñar las Escrituras, ordenar sus encuentros y aplicarlos a todas las áreas de la vida. En haciendo esto, los puritanos también apuntaron de ser confesional y teológica, y dependieron mucho sobre los labores de la erudición cristiana.
  • Los puritanos fueron apasionadamente entregados de enfocarse sobre el carácter Trinitaria de la teología. Nunca se cansaron de proclamar la gracia electoral de Dios, el amor agonizante de Jesucristo, y la obra aplicatoría del Espíritu Santo en las vidas de los pecadores. Su fascinación con la experiencia cristiana no fue tanto motivado por un interés en su propia experiencia en si tanto como fue su deseo de trazar la obra divina dentro de ellos con el fin de rendir toda la gloria a su Señor Trino.
  • En común con los reformadores, los puritanos creyeron en la significación de la iglesia en los propósitos de Cristo. Por lo tanto, creyeron que el culto de la iglesia debería ser una obra externo cuidadoso y una encarnación fiel a su fe bíblica, y así el puritanismo fue un movimiento que se enfocó sobre la prédica plana y serio, reforma de liturgia, y hermandad espiritual. Igualmente, los puritanos creyeron que hubo un orden o un régimen para el gobierno de la iglesia revelado en la Escritura, y el bienestar de la iglesia dependía sobre trayéndola en conformidad a ese orden.
  • En las grandes preguntas de la vida nacional presentadas por las crisis de su día, los puritanos buscaron a la Escritura para luz sobre los deberes, poder y derechos del rey, el parlamento y de los sujetos-ciudadanos.
  • En cuanto al individuo, los puritanos se enfocaron sobre la conversión personal y comprensiva. Creyeron con Cristo que «dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios» Juan 3:3. Por lo tanto sobresalieron en predicando el evangelio, sondeando la consciencia, despertando al pecador, llamándolo al arrepentimiento y fe, y guiándolo a Cristo, y educándolo en el camino de Cristo. Igualmente, los puritanos creyeron con Santiago que «la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma» (Santiago 2:17). Así que desarrollaron de la Escritura una descripción cuidadosa de lo que un cristiano debería ser en su vida interna ante Dios y en todas sus acciones y relaciones en esta vida, en el hogar, en la iglesia, en el trabajo, y en la sociedad
Los puritanos obraron para reformar y purificar la iglesia y de guiar el pueblo hacia una vida piadosa viviendo consistente con la doctrina reformada de la gracia. 
J. I. Packer resume este entendimiento del puritanismo bien: 

«el puritanismo fue un movimiento evangélico de santidad buscando de implementar su visión de un avivamiento espiritual, nacional y personal, en la iglesia, en el estado y en el hogar; en la educación, en el evangelismo y en la economía; en el discipulado personal y devoción, y en el cuidado y competencia pastoral» (An Anglican to Remember – William Perkins: Puritan Popularizer [St. Antholin´s Lectureship Charity Lecture, 1996], pp. 1-2).

John Owen, escribió:

Es al contemplar la gloria de Cristo por fe que somos edificados espiritualmente y edificados en este mundo, porque al contemplar su gloria, la vida y el poder de la fe se fortalecen cada vez más. Es por fe que crecemos para amar a Cristo. Entonces, si deseamos una fe fuerte y un amor poderoso, que nos den descanso, paz y satisfacción, debemos buscarlos al contemplar diligentemente la gloria de Cristo por la fe. En esta tarea deseo vivir y morir. En la gloria de Cristo fijaré todos mis pensamientos y deseos, y cuanto más vea la gloria de Cristo, más se marchitarán ante mis ojos las bellezas pintadas de este mundo y seré cada vez más crucificado para él

Peter Lewis correctamente dice que el puritanismo creció de tres necesidades: (1) la necesidad de una prédica bíblica y la enseñanza de la sana doctrina reformada; (2) la necesidad  de una piedad bíblica y personal que enfatiza la obra del Espíritu Santo en la fe y en la vida del creyente; y (3) la necesidad de restaurar simplicidad bíblica en la liturgia, vestimentos y gobierno eclesiástico, para que una vida eclesiástica bien ordenada pudiera promover el culto del Trino Dios tal como ha sido mandado en Su Palabra (The Genius of Puritanism, pp. 11ff.).  Doctrinalmente, el puritanismo fue un tipo de un calvinismo vigoroso; experimentalmente, fue agradable y contagioso; evangelistamente, fue agresivo aun cariñoso; eclesiásticamente, fue teocéntrico y lleno de adoración; políticamente, busco de ser escritural, balanceado y atado por la conciencia ante Dios en las relaciones de rey, parlamento, y ciudadanos.

Los puritanos para nada fue un movimiento monolítico no más que lo fueron los reformadores, o, sobre este asunto, cualquier otro grupo mayor de teólogos en la historia de la iglesia.  Ellos también tuvieron sus diferencias, no tan solo eclesiásticamente y políticamente, sino también teológicamente. Hubo entre ellos que tragaron y enseñaron errores, como Richard Baxter sobre la justificación y John Preston sobre la expiación.  Aún, por la mayor parte, hubo una unidad notable de pensamiento, convicción y experiencia entre los puritanos.

Entre los puritanos hubieron presbiterianos e independientes/congregacionalistas. Tuvieron acuerdo en casi todo pero hubo división sobre el gobierno eclesiástica.  A pesar de esto la mayoría creyeron en la salmodia exclusiva “a capella”, santificando el día del Señor, y sobre el establecimiento de la religión verdadera o sea reformada en el país.

PURITANOS SOBRESALIENTES

William Perkins (conocido como el padre del puritanismo)
Thomas Adams
William Ames
Lewis Bayly
Samuel Bolton
Thomas Boston
Christopher Love (murió como Covenanter bajo Oliver Cromwell)
Robert Bolton
William Bridge
Thomas Brooks
John Bunyan
Anthony Burgess
Jeremiah Burroughs
Thomas Cartwright
Joseph Caryl
Thomas Case
Stephen Charnock
David Clarkson
John Davenant
Edward Fisher
John Flavel
Thomas Goodwin
Thomas Gouge
William Gurnall
Matthew Henry
Thomas Hooker
John Howe
Thomas Manton
Increase Mather
Richard Mather
Samuel Mather
Christopher Ness
John Owen
Thomas Ridgley
Henry Scudder
Obadiah Sedgwick
Thomas Shepard
Richard Sibbes
George Swinnock
Nathaniel Vincent
Thomas Vincent
William Whitaker
James Janeway
Jonathan Edwards (llamado el último puritano)

Bibliografía

-      “Meet the Puritans” por Joel R. Beeke y Randall J. Penderson
-      “Viviendo para la gloria de Dios”. Joel Beeke
- Lista de Puritanos sobresalientes. Sitio web “Presbiteriano Reformado”




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