Doctrinas de la Gracia

8 jul. 2019

Libre albedrío. Nuestra Voluntad sujeta a nuestra naturaleza




UNA EFICAZ EXPLICACIÓN SOBRE EL LIBRE ALBEDRÍO

Entendiendo el “Libre Albedrío”

Este es un tema que enfurece a muchos. Cómo se desata la ira de un “cristiano” contemporáneo? Cuando siente atacado su “becerro de oro”.

Ese “Becerro de oro” es el HUMANISMO Que ha inundado la iglesia moderna, que genera en los cultos predicas “humanistas” y se soporta en un evangelio antropocéntrico (el hombre como centro del evangelio). Un “cristianismo humanista” que considera que Dios está ahí “para nosotros” y todo lo que hace es “por nosotros”.

Muy diferente a lo que nos enseña y nos muestra la palabra de Dios que dice “Ya no vivo yo, más Cristo viven en mi”, “El vivir es morir y morir es ganancia”, “Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme”, “Hágase tu voluntad”. ¿Qué le ha pasado a este mensaje?, se ha visto opacado por el brillo deslumbrante del gran dios llamado “Yo”.

Y la gran manifestación del cristianismo humanista es su LIBRE ALBEDRÍO.

Y es en este escenario, el del humanismo, que el hombre contemporáneo se pregunta: ¿Es acaso Dios un tirano que creó maquinas sin voluntad?

Pero que es el “libre albedrío”?.

¿Obliga Dios a unos a venir a él?, No, aunque esas son las precisas palabras de la parábola de la gran cena, que Jesucristo enseñó; “Oblígalos a entrar” (Lucas 14:23). 

¿Suprime Dios las voluntades de los hombres y los “fuerza” a pecar o a creer? Por supuesto que no.

¿Hay libre albedrío? Si lo hay. ¿Soy libre de elegir lo que yo deseo? Así es.

 ¿Entonces, cual es el problema? El problema radica en que el “Libre Albedrío”, no es precisamente “libre”.

Expliquémoslo con una corta analogía:

Imaginemos un coyote que está muriendo de hambre. Ahora, nosotros tenemos el poder de alimentarlo, pero sólo hay disponible verduras. Día a día ponemos ante él un manjar de vegetales, pero el coyote no los come. Está agonizando. Sin embargo, no elige comer y morirá de hambre, antes de comer del plato que le ofrecemos.

Porque sucede esto? Tiene el coyote libertad para comer de lo que se les ofrece. Porque no lo hace? Por qué prefiere morir antes de comer lo que se le ofrece?

La respuesta es la misma razón por la cual un pecador, morirá en el infierno eternamente, antes que elegir seguir a Cristo.

La libertad del coyote no es tan “libre”. Está sujeta a su propia “naturaleza”. Por qué el coyote no decide comer las verduras? Porque es coyote y los coyotes no comen verduras y morirá, antes de elegir algo que va contrario a su propia naturaleza.

Lo mismo pasa con los hombres. TODOS nacemos con una naturaleza caída, pecadores por naturaleza, rebeldes, aborrecedores de lo bueno, aborrecedores de Dios, el evangelio está velado para nuestros ojos, el evangelio es locura para nosotros, estamos bajo el lazo del diablo y hacemos su voluntad, amamos al mundo y somos enemigos de Dios.

Nos ofrecen un plato con un alimento que es extraño para nosotros, que se ve mal, que no entendemos, que es una locura comer de ello, un plato lleno del evangelio y MORIREMOS antes que comer de él.

Debemos entender esto. LIBREMENTE, elegimos darle la espalda a Dios, LIBREMENTE lo rechazamos, LIBREMENTE negamos el evangelio. Ahí es dónde empezamos. Entonces Dios tiene que hacer algo…

¿Obligarnos? no, Dios no forzará a nadie. Dios cambiará nuestra naturaleza de tal manera que LIBREMENTE elegiremos comer de ese plato lleno de “locura”.

Miremos el corazón del hombre natural, ¿Qué dice la biblia sobre este corazón?

Jeremías 17:
“Más engañoso que todo, es el CORAZÓN, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?”

Proverbios 28:26 “
El que confía en su propio CORAZÓN es un necio, pero el que anda con sabiduría será librado”.

Génesis 6:5
“Y el SEÑOR vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su CORAZÓN era sólo hacer siempre el mal”.

Si nos preguntamos Qué es el corazón? Porque ciertamente la palabra de Dios no está hablando de un músculo. ¿Qué es el corazón? Podemos decir que está tan contaminado, tan cegado, tan perdido que Dios tiene que darnos uno nuevo.

Ezequiel 36:26 dice: 
“Además, os daré un CORAZÓN nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el CORAZÓN de piedra y os daré un corazón de carne”.

La palabra en el hebreo utilizada para traducir “corazón” es “Leb” (Strong # 3820. לֵב = leb) Y significa: Hombre Interno, Mente, Corazón y VOLUNTAD.

Dios tiene que darnos una nueva “VOLUNTAD” para que “libremente” comamos de ese plato. 

Si nuestra analogía fuera una fábula, hubiésemos podido terminarla agregando que un hada madrina cambio la naturaleza del coyote para que apeteciera también verduras.

Dios cambia las voluntades de los hombres y abre sus ojos y pone su Espíritu Santo en ellos y los limpia de tal manera que ahora ven la gloria del evangelio, ahora entienden la palabra de la cruz, ahora aman a aquel que aborrecían, ahora odian el pecado y aman la santidad, REGENERADOS, con una nueva voluntad y “LIBREMENTE” vendrán a Cristo, porque les es natural hacerlo. Así es, como Dios lo hace.

Jeremías 24:7: 
“Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Dios; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón”.

Dios nos da el corazón (voluntad) con el cual nos volvemos a él, libremente y de todo corazón (voluntad)

¿Podrá alguien venir a Dios por sí mismo?, ¿Sin que Dios lo cambie?, ¿Sin que Dios le dé una nueva voluntad?......No hermanos, es por eso que Jesús dijo “Todo el que el Padre me da vendrá a mi” y también dijo “Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere”. Ahora todo embona, todo tiene sentido, una sólo verdad que convive armoniosamente, sin cabos sueltos.

Es importante aclarar, que la naturaleza pecaminosa no abandona del todo al nuevo nacido, al regenerado. Sin embargo esa naturaleza pecaminosa no es dominante en el creyente. Es dominada en el cristiano con la ayuda del Espíritu Santo que mora en él.

Todo el que viene a Cristo, lo hace voluntariamente, todo el que lo rechaza, lo hace voluntariamente, pero NADIE vendrá a Cristo al menos que Dios lo cambie.

De una idea de Sergio Daniel Brito
Editado por Cesar Ángel “Evangelio primitivo”


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