Doctrinas de la Gracia

27 nov. 2019

Mateo capítulo 18. Que enseña y que no enseña



Uno de los pasajes de La Biblia que más se ha mal interpretado, es el que nos habla acerca de la disciplina en la Iglesia, este lo encontramos en Mateo capítulo 18. Aquí vemos que los discípulos vienen a Jesús, preguntándole ¿quién es el mayor en el reino de los cielos? Para responder a su pregunta, Jesús llama a un niño y lo coloca en medio de ellos, y les dice: “si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. Luego les dice que quien se haga humilde como un niño, ése es el mayor en el reino de los cielos, quien recibe a un niño como este, (un creyente que se ha hecho y actúa humildemente como un niño) es como si recibiese a Jesús mismo. Recibir aquí no se refiere a tener fe en otro creyente, sino en recibirlo y tratarlo con la misma consideración y amor como si se tratase del Señor.

En el verso 6, les habla de que para quien haga tropezar a alguno de estos pequeños (creyentes que se han hecho como niños), mejor le fuese que se colgase una piedra de molino y se hundiese en lo profundo del mar. En el verso 7 nos habla de la necesidad de que vengan tropiezos para probar nuestra fe y formar nuestro carácter, y de la seriedad y responsabilidad de quien es instrumento para hacer tropezar a los creyentes, en los versos 8 y 9 nos dice que si nuestra mano o nuestro pie, o nuestro ojo nos son ocasiones de caer en pecado debemos cortarlos y echarlos de nosotros, pues mejor es entrar al reino de Dios (aquí lo llama “la Vida”) con una sola mano, un solo pie o un solo ojo que teniendo dos manos, pies u ojos ser echado al infierno de fuego. Esto NO significa una instrucción a mutilarnos, Jesús está utilizando un lenguaje figurado para decirnos que si algo que nos ha llegado a ser muy querido y tan cercano que ya lo consideramos parte de nosotros mismos nos es ocasión de caer en pecado debemos cortarlo de nosotros y desecharlo definitivamente, esto puede ser alguna actividad, entretenimiento o persona, que ha llegado a ser muy querido y cercano pero que nos es ocasión de caer. ¿Cómo sabemos que no se refiere a cortar literalmente una mano, un pie o a sacarnos un ojo?, porque los pecados NO están en nuestros miembros, están en nuestro corazón (Mateo 15:19), una persona podría cortarse ambas manos o ambos pies, quitarse ambos ojos y aun así seguir deseando y practicando el pecado habitualmente, NO se refiere a que un creyente deba mutilarse, sino a qué, como creyentes que deseamos agradarle debemos CORTAR definitivamente y echar de nosotros TODAS aquellas cosas o personas que apreciamos o estimamos pero que nos hacen tropezar y caer en pecado.

En el verso 10, nos habla de que no debemos menospreciar a uno de estos pequeños (creyentes comparados con niños) porque los ángeles que Dios ha designado como espíritus ministradores de todos los creyentes ven siempre el rostro del Padre que está en los cielos, esto NO significa que cada creyente tenga un “ángel guardián” personal que le sirve específicamente e individualmente, aquí se ha elaborado una falsa doctrina del “ángel de la guarda” que ha degenerado incluso en culto a los ángeles, en la búsqueda de experiencias sobrenaturales con “ángeles”, y en confundir la guía del Espíritu Santo y los avisos de nuestra consciencia con mensajes de ángeles. El Señor nos advierte la seriedad de menospreciar a otro creyente, cuando Dios mismo y los ángeles están ocupados en su bienestar. En los versos 11 al 14, nos habla de cómo El vino a salvar lo que se había perdido y lo ejemplifica con la parábola de las cien ovejas, porque no es la voluntad del Padre que se pierda ninguno de estos pequeños (creyentes). Es claro en estos versos que Jesús cumple la voluntad del Padre salvando efectivamente a cualquiera de estos creyentes que tropiezan y que NO se perderán. Hasta acá es claro que sigue hablando de CREYENTES y sigue hablando de tropiezos.

Siguiendo esta línea de pensamiento en el verso 15, nos dice “POR TANTO…”, es decir por TODO lo que nos ha estado enseñando del verso uno al catorce, “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano”. Y este es el primer paso de la disciplina ESTABLECIDA POR DIOS para Su Iglesia. Hay personas que piensan que es poco amoroso o que es “carnal” confrontar a un hermano en pecado, en error doctrinal, o a alguien que llamándose a sí mismo “cristiano” actúa como un inconverso (ver 1a.Co.5:9-11). Por falta de conocimiento de la Biblia, alguien podría decir que, si un hermano peca contra nosotros y nos ofende, debemos poner la otra mejilla, debemos soportarlo todas las veces que quiera ofendernos y que NUNCA debemos decir nada al respecto, pero, ¿es eso lo que enseña la Biblia?, ¿es eso lo que MANDA Dios a Su Iglesia?, por el texto en Mateo capítulo 18 y el texto análogo en Lucas capítulo 17, vemos que NO es así. ¿Cuándo entonces debemos poner la otra mejilla?, El texto en el que Jesús habla de poner la otra mejilla (Sermón del Monte, Mateo 5:39) nos dice que “no resistamos al que es MALO” evidentemente NO habla de creyentes, sino de cuando somos ofendidos por un inconverso. ¿Por qué reaccionamos diferente cuando nos ofende un inconverso y cuando nos ofende otro creyente?, sencillamente porque el inconverso NO tiene la luz del Evangelio, él aún está muerto en delitos y pecados (Ef.2:1), y no quiere ni puede sujetarse a la ley de Dios (Ro.8:7). Por otra parte, alguien que afirma ser un creyente, conoce la Palabra de Dios, se supone que su vida ha sido renovada y que en su interior anhela ser obediente a Dios. Cuando un inconverso nos ofende debemos poner la otra mejilla y como solamente tenemos dos mejillas el siguiente paso es alejarnos, NADIE está obligado a permanecer junto a alguien que lo daña y que está destruyendo su vida por pretender que obedece al Señor. Esto se aplica tanto a los casos en que nos persiguen y maltratan a causa de nuestra fe, como en los casos de maltrato doméstico, Jesús nos dio ejemplo de poner nuestra vida por los demás, en servicio y sacrificio, NO en dejar que otra persona la tome de nosotros contra nuestra voluntad. Si quien nos ofende es otro creyente o alguien que se identifica a sí mismo como creyente, por su propio bien el primer paso es estando solos confrontarlo y mostrarle que NO está actuando como un verdadero creyente.

Continuando con el capítulo 18 de Mateo, en el verso 16, nos dice que si quien nos ha ofendido NO nos escucha (no reconoce su falta), entonces debemos tomar con nosotros a UNO O DOS TESTIGOS, para que en boca de DOS O TRES conste toda palabra. Esto es importante, no solamente porque hace una aplicación práctica de la ley de Dios contenida en Deuteronomio 19:15, “toda acusación se tendrá en cuenta con el testimonio de dos o tres testigos”, sino que además es importante porque es a este verso 16 al que se hace referencia más adelante en el verso 20, como lo veremos a continuación. En el verso 17 nos dice que si aun después de hablar con el ofensor delante de los testigos, esta persona continua sin reconocer y arrepentirse de su falta, es necesario decirlo a la Iglesia, en este punto hay quienes afirman que Jesús se refiere a los ancianos de la Iglesia y hay quienes interpretan que debe hacerse ante toda la congregación. Y si aún entonces, luego de ser confrontado por la Iglesia el ofensor NO reconoce su falta, debe ser apartado de la comunión de la Iglesia y ser tenido por “gentil y publicano” es decir por INCONVERSO. Aquí vemos que lo más probable es que al hablar de Iglesia se refiera a toda la congregación de otra forma los demás creyentes no entenderían porque el ofensor ha sido cortado de la congregación (ver 1ª. Timoteo 5:19-20; 2a.Corintios 2:6). ¿Por qué es necesario separarlo de la congregación y tenerlo como inconverso? Porque una persona que no reconoce la autoridad de La Palabra de Dios, que no tiene intención de obedecer a Jesucristo y que no es capaz de reconocer que está actuando de manera incorrecta al ofender a otros creyentes, está dando evidencias de que NO conoce a Dios.

En el verso 18, viene uno de los textos que más han sido mal utilizados y mal interpretados de este pasaje, y es el que nos dice “todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo”. De alguna manera alguien SIN HABER LEIDO el resto de la enseñanza, interpretó que aquí El Señor está hablando de “atar demonios o a Satanás”, lo cual es TOTALMENTE FALSO. Por lo que hemos visto, en ninguna parte de la enseñanza se habla de demonios o del diablo. Otras personas aplican este “atar y desatar” de manera más amplia, aplicándolo a TODO, “atar y desatar” riquezas, bendiciones, el Evangelio, avivamiento, etc. Pero ¿a qué se está refiriendo Jesús en este verso? Por el CONTEXTO, es claro que sigue refiriéndose a Disciplina en la Iglesia. Cuando la Iglesia aplica la disciplina de separar a una persona que ha ofendido con su pecado a los demás creyentes y no quiere arrepentirse de su pecado, está atando en ese sentido al ofensor y Dios está respaldando en el cielo la decisión que la Iglesia está tomando en la tierra. Si posteriormente el ofensor se arrepiente, pide perdón y desea volver, la Iglesia puede recibirlo de nuevo y en ese sentido estarían desatando al ofensor y Dios respaldará esa decisión desde los cielos. Un ejemplo claro de esto lo tenemos en la primera y segunda epístolas de Pablo a los Corintios, en la primera vemos el caso de un hombre que tenía una relación pecaminosa con su madrastra, Pablo dice a la Iglesia que echen de la congregación a ese hombre (1ª.Corintios 5:1-13), posteriormente vemos que este hombre se arrepiente y Pablo les pide que lo reciban de nuevo en la congregación (2ª.Corintios 2:5-11), lo que se ató en la tierra fue respaldado por Dios y lo que se desató en la tierra fue respaldado por Dios desde los cielos. Sabemos que Pablo escribió ambas epístolas bajo inspiración del Espíritu Santo, el cual es el AUTOR de TODA La Escritura.

Otro verso que ha sido mal interpretado al sacarlo del contexto de esta enseñanza es el verso 19, “si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos”. Este texto NO es un cheque en blanco para decir que NO importa lo que pidamos, si estamos de acuerdo con otro creyente, Dios está obligado a concederlo, sabemos que La Biblia NO enseña eso. Este texto debemos entenderlo a la luz de 1ª.de Juan 5:14 “Y esta es la confianza que tenemos en Él, que, si pedimos alguna cosa conforme a SU VOLUNTAD, Él nos oye”. Ponerse de acuerdo en la tierra sigue refiriéndose a la DISCIPLINA aplicada a un miembro de la Iglesia. Y ese ponerse de acuerdo se refiere a cortar a una persona de la comunión o a recibirlo de nuevo si se arrepiente.

Pasemos al verso 20, “Porque donde están DOS O TRES congregados en Mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos”, este verso también ha sido mal interpretado, aunque si bien es cierto, la mala interpretación del texto NO es tan grave como las anteriores, si es incorrecta y es necesario aclararla. Mucha gente enseña que NO importa si la congregación es pequeña, si hay dos o tres congregados en el Nombre de Jesús, Él está allí. ¿Por qué es incorrecta?, porque la Biblia enseña que donde está UN creyente verdadero Jesús está allí con El, y este creyente que ora solo en su casa, en un descanso en su trabajo, o mientras se dirige de un lugar a otro, puede estar seguro que goza de comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Lo más importante es recordar lo que dijimos anteriormente al comentar el verso 16, aquí está hablando de los dos o tres testigos que sostuvieron la acusación contra el ofensor que no quiso arrepentirse. Por el contexto sabemos que sigue hablando de DISCIPLINA.

Pedro que ha estado escuchando la enseñanza y ha comprendido de qué habla Jesús, en el verso 21 le pregunta: “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí?, ¿hasta siete?” Notemos que Pedro ha comprendido la enseñanza, no escucho sólo algunas partes y las separó de lo que Jesús hablaba, en ningún momento pensó que Jesús hablaba de “atar demonios”, o de “una congregación pequeña”, o de “pedir todo lo que queremos para que Dios lo cumpla”. Pedro le pregunta, si debe perdonar a su hermano hasta siete veces, porque para los judíos el siete era el número de perfección y plenitud, y de algún modo ellos habían fijado allí el límite del perdón. Jesús le responde que no hasta siete, sino hasta setenta veces siete, en el pasaje paralelo de Lucas capítulo 17, les dice que deben perdonar siete veces al día si el ofensor se arrepiente, la idea NO es establecer un límite, sino dar el mismo perdón que hemos recibido de Dios (Ef. 4:32; Col.3:13). Setenta veces siete es igual a decir que NO llevemos la cuenta. Vemos entonces que Pedro, quien estaba presente, al igual que todos los que escucharon la enseñanza comprendió que dicha enseñanza, se trataba de cómo manejar dentro de la congregación los casos en que un creyente ofende a otro y en ese sentido peca contra su hermano y lo hace tropezar.

De los versos 22 al 35, Jesús les relata la parábola de los dos deudores y les habla de la importancia de mostrar el mismo perdón y misericordia que hemos recibido nosotros de Dios, también esta parábola ejemplifica como Dios pagó por medio de la obra de Jesucristo la deuda que para nosotros era imposible de pagar (verso 24), nos muestra la necedad de quienes quieren pagar ellos mismos por medio de buenas obras una deuda imposible de pagar (verso 26) y como Dios muestra misericordia perdonándonos la deuda (verso 27), para cumplir no solamente con Su misericordia sino también con Su justicia Dios no solamente nos perdona a nosotros la deuda, la paga El mismo enviando a Su Hijo a la cruz. Y por último nos muestra la condenación para alguien que llamándose creyente no ha sido transformado en su interior y no es capaz de perdonar en la misma medida del perdón que Dios le ofreció (versos 28 al 35), alguien que NO es capaz de perdonar no está perdiendo el perdón de Dios, pues si realmente hubiese sido perdonado su corazón habría sido cambiado y hubiese sido capaz de perdonar. Cuando perdonamos a quienes nos ofenden demostramos que nuestra profesión de fe es verdadera y no solo una profesión de labios.

Si vemos la importancia de perdonar, alguien podría preguntar ¿Por qué es necesario confrontar a alguien que peca contra nosotros y realizar todo este proceso de disciplina eclesiástica?, ¿no sería más fácil perdonarlo?, efectivamente debemos perdonarlo, pero debemos también ayudar a que quienes se llaman a sí mismos creyentes, aprendan a reconocer sus faltas y muestren carácter cristiano arrepintiéndose del mal que han hecho y buscando el perdón de quienes ofenden y el perdón de Dios, NO le hacemos ningún favor a nadie que se llame cristiano dejándolo actuar como un incrédulo no regenerado. La disciplina en la Iglesia es para hacernos crecer y para separar a quienes NO han nacido de nuevo pero se hacen llamar creyentes (1a.Co.5:9-11).

La Disciplina dentro de la Iglesia, es Bíblica y es un mandato directo de nuestro Señor Jesucristo, NO podemos ni debemos dejar de obedecerla por honrar a los hombres antes que a Dios, debe ser aplicada con misericordia y debe ser aplicada con amor, pero debe ser APLICADA. No podemos dejar de aplicarla y pretender que lo hacemos por ser amorosos, pues quien la instituyó fue Jesucristo y NO ha existido nunca, ni existirá alguien más amoroso que Él.

Y esto es lo que enseña el capítulo 18 de Mateo en su debido contexto, si aprendemos a conocer nuestra Biblia, a leer pasajes completos y no porciones aisladas, a depender de la iluminación del Espíritu Santo, pero también a darle la importancia y el respeto que merece la Palabra que El inspiró estudiándola ordenadamente, podremos tener una mejor comprensión e interpretación de La Biblia. Y si podemos apoyarnos en el trabajo de hombres de Dios que han dedicado décadas de estudio del Texto Bíblico para proporcionarnos comentarios y diccionarios Bíblicos estaremos aprovechando una gran ayuda para estudiar, comprender y compartir la verdad de la Biblia de manera correcta y efectiva. Toma tiempo, pero si queremos ser quienes no se presentarán avergonzados delante de Dios porque manejan la Palabra de Verdad correctamente, es necesario que le dediquemos tiempo y esfuerzo (2ª.Timoteo 2:15).

Predica la Palabra

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