Doctrinas de la Gracia

15 may. 2020

ALGUNAS MARCAS DE QUIENES HAN SIDO PERDONADOS POR DIOS

ALGUNAS MARCAS DE QUIENES HAN SIDO PERDONADOS POR DIOS
por J.C. Ryle

Permítame mostrarle algunas de las marcas que muestra alguien que ha experimentado el perdón. Muchas personas presumen haber sido perdonadas, las cuales no exhiben evidencia alguna:
a) Las almas perdonadas odian el pecado. El pecado es la serpiente que les ha mordido: como no resistirse del mismo con horror? como no odiarlo con piadosa aversión? como no ha de ser amargo a sus corazones su solo recuerdo? Recuerde como los Efesios públicamente quemaron sus libros perversos. (Hechos 19:19) Recuerde como el apóstol Pablo lamentó sus transgresiones juveniles: “no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.” (I Cor. 15:9) Si usted y el pecado son amigos, usted no ha sido reconciliado con Dios.
b) Las almas perdonadas aman a Cristo. Su persona, Su obra, Su cruz, Sus palabras –todas son preciosas para las almas perdonadas. El ministerio que más disfrutan es aquel que más exalta al Señor. Le dirían a usted que no pueden evitar sentir de esa manera. El es su Redentor, su Pastor, su Médico, su Rey, su esperanza, su gozo. Sin El serían los seres humanos más miserables.

c) Las almas perdonadas son humildes. No pueden olvidar que todas sus posesiones y su esperanza lo deben al don de la gracia, lo cual les mantiene humildes. Son deudores que no pueden pagar por sí mismos, y qué derecho tienen de sentirse orgullosos? El perdón produce en el alma el espíritu de Jacob: “no soy digno de la más pequeña de todas las misericordias y toda la verdad que Has mostrado a Tu siervo.” (Gen. 32:10); y del apóstol Pablo: “soy menos que el más pequeño de todos los santos – el primero de los pecadores.” (Efesios 3:8, I Tim. 1:15) Puesto que usted y yo no tenemos posesión alguna mas que pecado y debilidad, seguro no hay vestimenta que nos quede mejor que la humildad.

d) Las almas perdonadas son santas. Su deseo principal es complacer a Quien les ha salvado, hacer Su voluntad, glorificarle en cuerpo y espíritu, los cuales le pertenecen. “Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo?” (Salmos 116:12) es el principio dominante en un corazón perdonado. Fue un sentir del perdón lo que hizo a Zaqueo decir, “la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.” (Lucas 19:8) Si usted me muestra a un hombre que deliberadamente vive una vida pecaminosa y de libertinaje, y aún así se jacta de que sus pecados le han sido perdonados, puedo decirle “el vive bajo un delirio que le llevará a la ruina, pues no ha sido perdonado en absoluto.”

e) Las almas perdonadas saben perdonar. Hacen lo que ellas mismas han experimentado. Recuerdan como Dios les ha perdonado en Cristo, y procuran hacer lo mismo para con su prójimo. Sin duda que al respecto, como en todo lo demás, muestran fallas; pero este es su deseo y objetivo. Un Cristiano injurioso e impugnador es un escándalo a su profesión. Es muy difícil creer que tal sujeto alguna vez se haya sentado al pie de la cruz.

Soy conciente de que la fe salvadora en Cristo es consistente con muchas imperfecciones. Pero aún así creo en que estas cinco marcas en general podrán encontrarse en toda alma perdonada, algunas más o menos evidentes que las otras. Estas marcas deben provocar en muchas mentes examinar el corazón propio. Debo ser directo. Temo que hay miles de Cristianos nominales que desconocen estas marcas. Han sido bautizados, acuden a la iglesia, pero en cuanto a un verdadero arrepentimiento y fe salvadora, unión con Cristo y santificación por medio del Espíritu, son “nombres y palabras” de los cuales no saben nada. Ahora bien, si esto es leído por tales personas, probablemente les alarmará o les enfurecerá. Si les enfurece he de lamentarlo. Si les alarma, he de alegrarme pues ese es mi objetivo. Deseo despertarles, que se percaten del hecho tan importante de que no han sido perdonados, de que no tienen paz con Dios y de que se encuentran en la senda ancha que lleva a la destrucción. Debo decir esto puesto que no hay alternativa. Ocultarlo no iría acorde con la fidelidad o la caridad cristiana. Dónde estaría la honestidad al actuar como un médico mentiroso, diciéndole a la gente que no hay peligro?

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